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Cómo el cáncer transformó mi vida

 

Por Mayte Prida

Fui diagnosticada con cáncer de seno en etapa tres, es decir avanzado, a la edad de 38 años. Nunca me hubiera imaginado en ese entonces que yo pudiera recibir un diagnostico semejante. En ese momento de mi vida estaba pasando por varias situaciones difíciles: estaba recientemente divorciada, me había mudado a vivir a una ciudad nueva con mis dos hijitos, y mi programa de televisión había sido cancelado inesperadamente. Como resultado, estaba viviendo de mis ahorros y había perdido mi seguro médico.


Tener cáncer es muy difícil tanto desde el punto de vista físico como desde el punto de vista emocional. Yo la llamo la enfermedad bipolar porque es cruel, traicionera y cobarde. Crece dentro de nuestros cuerpos sin darnos la cara y nos va robando poco a poco la vida hasta que la detectamos. En ocasiones la detección llega tarde. Pero del otro lado de la moneda, está la cara maravillosa del cáncer: la de todos aquellos seres humanos que te demuestran el verdadero significado del amor, la compasión y la generosidad.


Mi primer año de lucha fue un año difícil. Año de tocar puertas, pedir ayuda, y recibir unas de las lecciones más importantes de mi vida: la de aprender a ser humilde, la de aprender a pedir ayuda y la de aprender a recibir.
El cáncer ha sido un obstáculo que ha brindado grandes bendiciones a mi vida a través de la transformación de la adversidad en oportunidad de crecimiento espiritual. Por medio del sufrimiento, el dolor, la angustia y el miedo que acarrea el cáncer, he podido encontrar mi misión de vida y he podido crecer como ser humano. Me he vuelto más humana, más compasiva, más comprensiva.

 He decidido utilizar mi voz para dar esperanza a aquellas personas que comienzan su lucha y que están pasando por todo aquello que yo pasé.


Al darme cuenta de la poca información que existía dentro de nuestra comunidad hispana acerca del cáncer de seno, y de los muchos tabús existentes, decidí comenzar la Fundación que lleva mi nombre, la cual tiene por objeto educar y proveer información práctica y las herramientas necesarias de apoyo a quienes atraviesan por la enfermedad.


Afortunadamente he aprendido que el amor y la compasión son las dos cualidades que mueven al mundo y son dos cualidades maravillosas que todos poseemos pero que a veces nos olvidamos de que ahí están y de que existen.


Gracias a mi sufrimiento contra el cáncer me di cuenta de que el ser humano es bueno de nacimiento y de que el amor es lo que rige a la humanidad.  Luchar contra el cáncer ha sido una experiencia difícil, pero indudablemente ha sido una experiencia que me ha hecho crecer como mujer, como madre, como hija, como amiga, como compañera, como amante y en general como persona. El cáncer me ayudó a florecer. Sacó a esa guerrera que tenía dentro de mí y que estaba dormida  y me ha transformado en una mujer más plena, más segura de sí misma y más agradecida con y por la vida.

La lucha contra el cáncer no es fácil, pero el camino está lleno de bendiciones. Debemos de encontrarlas.

Mucha Luz.

 

 

 

 



 

 

 

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