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Recetas con historia

 

¿Cómo me gustaría cocinar como Usted?, me decía Doña Lucha Villa cuando nos encontrábamos por los estudios de televisión… y a mí, le respondía yo, cómo me gustaría cantar como Usted, pero, desafortunadamente para mí, Usted sí puede aprender a cocinar como yo, pero yo nunca voy a poder cantar como Usted.

Me encantaba platicar con Lucha Villa, me atraía su forma de ser: norteña, francota, era una mujer libre que vivía a su manera. Recuerdo que un día la encontré con el pelo pintado de verde y me dijo: “Me lo pinté por que quería sentir cómo me veía y para ver si me gustaba, lo peor que puede pasar es que no me guste y me lo quito”. Creo que no le daba mucha importancia al qué dirán, ella disfrutaba cuando cantaba “Si Nos Dejan”, pero más disfrutaba cuando le agregaba al final: “¿Y si no?… ¡también!”.

LUCHA VILLA

Un día la invité a mi programa, la receta que hice se llamó “NOPALES DOÑA LUCHA”. Empecé por explicarle por qué había elegido cada ingrediente: El nopal es el alimento representativo de nuestro país, como Usted Doña Lucha, además, igual que Usted, a primera vista es medio bronco, las espinas inspiran cierto respeto, pero, cuando uno sabe como retirarlas, el nopal se convierte en lo más versátil, antojable, nutritivo e inspirador, como Usted.

Los huitlacoches, son los hongos mexicanos por excelencia, que al país que llegan lo conquistan, como Usted lo ha hecho a donde ha llegado. El resto, chiles verdes, cilantro, cebollas, más una salsa de jitomate molcajeteada servida con tortillitas hechas a mano recién salidas del comal.

Se los serví en un plato de una hermosa vajilla mexicana, acompañado con una cerveza bien fría y todo dispuesto sobre un mantel deshilado de Zacatecas y le expliqué: “la preparación de la mesa y los utensilios, intentan recrear el espectáculo completo que nos ofrece cuando la vemos actuar, del cual no queremos perdernos ni un minuto”.

Por supuesto que los nopales los guisamos entre las dos y Doña Lucha estaba cada vez mas complacida. Primero preparamos el relleno friendo en poco aceite ajo, cebolla y el chile verde picadito, los huitlacoches picados gruesos y un poquitín de sal. Al final le agregamos el cilantro también picado.

Los nopales redondos preciosos y gorditos, limpios sin espinas, los abrimos con un cuchillo delgado y filoso a lo largo a la mitad dejando unido el centro (creo que lo del cuchillo no lo quiso ensayar Doña Lucha); le pusimos sal por dentro y por fuera y los asamos en una plancha gruesa a fuego medio, con poco aceite. Los nopales bien cocidos, los rellenamos con los huitlacoches guisados En cada plato serví un espejo de salsa de frijoles, espesita y caliente; sobre los frijoles un nopal bañado con la salsa de jitomate; y como ahí había un poco de queso añejo, se me ocurrió espolvorearlo encima… ¿Gustan?

HECTOR BONILLA

Un gran actor al que siempre he admirado se llama Héctor Bonilla, desde aquella primera obra llamada “El Diluvio que Viene”, creo que no me he perdido ninguna de sus puestas en escena, igual comedia que drama el Señor Bonilla trasmite los sentimientos, las sensaciones, se adueña del público. ¿Ya vieron su última hazaña?: “YO SOY MI PROPIA ESPOSA”.

Recuerdo en el escenario del Polyforum Cultural Siqueiros (en la obra “Mi Vida es mi Vida”), que inicia todo a obscuras, todo en silencio, cuando empieza a iluminarse, vemos un hombre en una cama de hospital, él ha sufrido un accidente y solamente puede mover su cabeza, escucha, habla, ve… Él tiene un buen tiempo en esta situación, está defendiendo el derecho de disponer de su vida (suicidarse), si no es posible llevar una vida digna, pero evidentemente por su situación no le es posible por si mismo quitarse la vida. Hay un médico y un abogado que argumentan lo contrario.

Lo atiende una enfermera, una mujer que lo ama, que duda constantemente quien tiene la razón, durante la obra se escuchan los argumentos de unos y otros.

Todo el público estábamos conmocionados perplejos de escuchar al enfermo cuyos únicos recursos para exponer sus puntos de vista eran su voz, sus ojos y los movimientos de cabeza que agitaba y golpeaba contra la almohada en su desesperación. ¿Quien más tiene derecho a disponer de la forma de vida que debe llevar un ser humano en esas condiciones?. Al final gana el enfermo, se informa con toda serenidad cómo serán los sucesos. Cuando lo desconectan, se despide de cada uno de los personajes, que se van alejando, la enfermera llorosa hace su trabajo, apaga el equipo que lo mantiene vivo.

Todo es silencio y quietud, poco a poco las luces se apagan.

Todos los espectadores estábamos sin hablar, sin movernos, pasaron varios minutos hasta que alguien empezó a aplaudir tímidamente, hasta que el resto lo imitamos… al final aquello se convirtió en estruendosos aplausos de pié y vivas. Se enciende la luz y el actor agradece solamente con la cabeza, los ojos, su sonrisa. Hasta que retiran la cama del escenario.

La verdad he disfrutado sus actuaciones. Unas veces me invitaba y otras me apersonaba, pero no me las perdía, además, he disfrutado plenamente su amistad.

“Cada Quien su Vida”, es otra obra que causó cierto escándalo entre las buenas conciencias… de hace medio siglo. Se trataba de la última noche del año en un cabaret y lo estaban despidiendo todos los personajes del lugar: la dueña, las chicas que atendían a los clientes, los “chicos” que administraban a “las chicas” y algunos clientes del lugar. El ambiente se prestaba a la nostalgia y a los recuerdos…

Hace algunos años, María Rojo repuso esta obra en el Salón México, tuvo la buena idea de que el público formara parte del espectáculo, como los clientes del cabaret, los artistas interactuaban con los espectadores, se formaba un ambiente festivo y agradable. Héctor me invitó, hacía el papel de un Diputado que en esa, la última noche del año, estaba celebrando y… se le pasaban las copas. Para mi sorpresa (y gusto, mucho gusto), él me sacó a bailar, me llevaba una copa y me decía: “No me desaires, Vieja, no me desaires”. Por supuesto me “empiné” la copa de sidral puro de un solo golpe y que le damos al danzón.

Bueno pues para demostrarle “mi gran amor,” diseñé LOS MEDALLONES BONILLA y lo invité a mi programa para hacerlos juntos, les doy la receta antes que suceda la tragedia.

En una sartén grueso caliente, vacíe 4 cucharadas de aceite con 25 gramos de mantequilla.

Selle dos medallones de centro de filete de 250 gramos cada uno, salpimiente y ponga un poco de tomillo. Cuando los medallones estén al término deseado, flamee con ¾ de caballito de coñac o brandy, cuando se apaga la flama, retire los medallones, coloque cada uno en un plato trinche que debe estar caliente, cubra la carne y rápidamente en el mismo sartén vacié ¼ de taza de vino tinto y otro tanto de crema ácida, añada un poco más de sal, pimienta y tomillo, agite vigorosamente, cuando se integran, bañe cada filete con esta salsa. En el plato ya estará una papa al horno y unos espárragos. Sírvalos en la mesa con unos panecillos calientes y un buen vino tinto.

Como comprenderán, siempre me maquillaban y arreglaban el pelo antes de cada programa, ese día tuve especial cuidado en estos y otros detalles como el vestido y un delantal pre-cio-so. No era para menos, mi invitado era Héctor Bonilla, ni mas, ni menos. Empezó el programa, platicamos, yo había pedido música especial y cuando estaba en pleno coqueteo, extasiada con la plática de mi estelar invitado, de repente algo pasó, me volteo y grito… ¡HECTOR SE QUEMAN LOS MEDALLONES!!!.

Yo ya les di la receta completa, lo único que espero es que cuando intenten prepararlos… no esté Bonilla cerca de Ustedes…

Hasta la próxima. Ahora si, Que Ud. la guise bien.

 

 



 

 

 

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