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La Insulina, compañera de toda la vida.

 

 

Imaginemos que nuestro cuerpo es una casa en construcción y los materiales que necesitamos para hacerla son los alimentos. Además contamos con una ingeniera maravillosa que distribuye perfectamente los materiales que recibe en cada entrega y sabe cuantos ladrillos hacen falta para cada pared, no se equivoca y envía los azulejos que van en cada baño, no confunde las losetas del piso de la cocina con el papel tapiz de la recámara, y deja el espacio justo para las puertas y ventanas.

Nuestra ingeniera es de lo más eficiente y responsable, jamás nos pregunta cómo hacer su trabajo, ni se queja porque le faltaron dos galones de pintura o le enviaron cinco sacos de cemento de más, ella se las arregla y sigue trabajando, no cobra horas extra, ni va de vacaciones. Se las presento: se llama Insulina.

Creo que al llegar a este punto ya todos estamos imaginando los materiales que organiza Insulina: Tortillas, frijoles, verduras y frutas todas, gran variedad de carnes, panes, huevos,
quesos, mantequilla, mermeladas, etc.

Como Insulina está trabajando en nuestra casa desde que nacemos y cumple tan bien,
que ni la notamos; ¡es más!, puede pasar con nosotros toda la vida sin que la conozcamos, ni pensemos en ella.

Pero resulta, que un día Insulina se va, no sabemos por qué, tal vez tuvo un problema
familiar, o le dieron una beca en el extranjero o se enamoró locamente y se fue con él, el
caso es que ya no tenemos quien nos organice el material que va llegando a la casa.

Entonces se aparece una vecina que se llama Diabetes, lo malo de nuestra vecina es que no tiene ni idea de lo que hay qué hacer, los materiales se amontonan en cualquier lugar, se tapan las tuberías, se empañan los cristales, no se hizo la cisterna, el tinaco lo dejaron en el patio, en fin, empieza la confusión, la casa comienza a estropearse.

¿Qué hacer?

Podemos desesperarnos: ¿Por qué me pasa a mi esto? Malvada Insulina, que le hice para que me pagara así. No es justo. ¡¡Ahora que voy a hacer!!!, etc., etc., etc.

También podemos platicar con las vecinas y tratar de seguir sus consejos, rápido y fácil,
pero como no son ingenieras al rato la situación va a empeorar.

Si seguimos cualquiera de estos dos caminos lo único que vamos a lograr es perder tiempo
precioso y cuando nos demos cuenta la casa puede tener daños irreversibles.

Pero, hay un tercer camino, no es el más fácil, requiere, poner a trabajar la inteligencia y
la voluntad, por él, solamente pueden ir aquellos que amen profundamente su casa (cuerpo) 
y que deseen tenerla en perfectas condiciones, sin grietas, ni goteras, con los pisos pulidos,
y lo más importante; que comprendan que lo que no hagan ellos por su casa, nadie lo va a
hacer. Es por esta vía cuando empiezan los grandes descubrimientos:

Primero consultar a los que sí saben, médicos especializados o internistas,
endocrinólogos, nutriólogos. En la mayor parte de la República existen asociaciones para orientación de personas con diabetes, información escrita, etc.

 

Cambie sus hábitos

No cabe duda que una enfermedad representa un problema y que puede desestabilizar la vida de una persona y la de su familia, sin embargo, también puede convertirse en una oportunidad para cambiar de hábitos que ayuden a tener una vida más sana, a desarrollar aptitudes como ser más observadores, tener mejor organización, responsabilizarse más de las propias decisiones. Una vez adquiridas estas disciplinas se aplicarán en todas las otras actividades diarias lo que llevará a tener una vida más consciente, plena y placentera.

Quiero decirles que Insulina suele dejar plantado a uno de cada cinco mexicanos y si a usted ya lo dejó, ¡cuidado! porque puede hacerlo con cualquier otro miembro de su familia, y si está pasado de peso tiene más riesgo.

Es bueno que usted sepa que hay hábitos que todo el mundo puede practicar y prevenir que lo abandone Insulina:

Mantenerse en su peso adecuado, tener una alimentación sana balanceada y hacer ejercicio regularmente.

Pero si usted o algún conocido suyo ya se encontró con Doña Diabetes, rápidamente empiece a informarse y conviértase en su propio ingeniero. También es bueno saber que si por ahora la diabetes no es curable, si se puede controlar practicando los dos hábitos que menciono antes: Hacer ejercicio regularmente y llevar una alimentación sana y balanceada, siguiendo cuidadosamente la dieta que a cada enfermo le prescriba su médico. Las personas con diabetes pueden comer de todo, solamente tienen  que cuidar las porciones de cada alimento y sus horas de comida.

Aquí te dejo una receta apta para diabéticos y para toda la familia. Que ud. La guise bien.

 

Ensalada de camarón y alubias

 1 persona

Ingredientes: 

  • ¼ taza del caldo en que se cocieron las alubias
  • 1 cdita. Aceite de oliva
  • 1cda de jugo de limón
  • 1 diente de ajo finamente picado
  • 1 cebollita de cambray picada junto a la parte verde de arriba
  • 1 cda Perejil picado
  • 1 cda cilantro picado
  • 1 pizca comino molido
  • 1 pizca sal
  • Pimienta al gusto
  • ½ taza de alubias
  • 1/3 pimiento rojo, sin semillas y cortado en cubitos
  • 1/3 pimiento amarillo, sin semillas y cortado en cubitos
  • 2 tazas de agua o caldo de pollo
  • ¼ taza de vino blanco seco
  • ¼  hoja de laurel
  • 12 camarones crudos medianos, limpios y con las colas intactas

 
Preparación:

  1. Mezcla el caldo de las alubias, el aceite de oliva, el jugo de limón, el ajo, la cebollita de cambray, el perejil, el cilantro, el comino, la sal y la pimienta.
  2. Agrega las alubias y los pimientos. Mezcla hasta integrar perfectamente, cubre y reserva.
  3. Vacía el agua, el vino blanco y el laurel en una cacerola y calienta hasta hervir. Agrega los camarones, apaga el fuego, tapa y deja enfriar. Escúrrelos y resérvalos calientes.
  4. Acomoda la ensalada de alubias en un plato, coloca los camarones encima en forma decorativa con una ramita de cilantro.

 

Acompaña tu comida con ½ taza de arroz blanco y ½ pieza de plátano rebanado.

Por: Chepina Peralta

 

 

 

 



 

 

 

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