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Asignatura pendiente

la hora de la comida

 

Como seguramente muchos de Ustedes ya se habrán dado cuenta, una de mis mayores preocupaciones a lo largo de mi vida de comunicadora y gastrónoma, ha sido intentar llenarme de la mayor cantidad de conocimientos que me puedan llevar a acercarme a las personas, a su forma de pensar, actuar, hablar y sentir. Desde aquellas que son mas o menos contemporáneas mías y actúan “conforme a nuestra edad” (que no es mi caso), y hasta ese público joven que siempre aparece dispuesto a seguirme y para el cual yo debo permanecer actual y en sintonía.
Un día desayunando con algunas amigas, escuché decir a Laura: fíjate que Lucila se va a ir a Canadá a estudiar idiomas… me contó que hay escuelas en diferentes países en los que van adultos a estudiar el idioma del país y viven con una familia de ese lugar, lo que debe de ser mucho más barato que vivir en un hotel.
Que interesante, pensé yo, debe de ser estudiar en un país extranjero… otro idioma, otras costumbres, el clima diferente; claro, los primeros días te ha de costar trabajo encontrar como transportarte, ubicar dónde está el súper; ¿y la gente será amigable?; qué gran oportunidad para aprender a tratar a personas tan diferentes a ti.

PLANEANDO MI VIAJE
Pasó el tiempo y un día llegó a mis manos una revista que informaba sobre diferentes planes de estudios en el extranjero. Y entonces “empezaron mis neuronas a trabajar”; A ver Chepina ¿a qué país te gustaría ir, qué idioma te gustaría aprender?.
De entrada me incliné por Italia, que es un lugar que me gusta mucho y cada vez que he tenido la oportunidad de visitarlo, juro que volveré. Pero entonces mi conciencia (mi Pepe Grillo), me dice: aun y cuando te guste mucho, el italiano es un idioma que no vas a usar mucho; Bueno entonces Francia, que es un país ma-ra-vi-llo-so… (y mi conciencia): pero nunca te ha atraído el francés; Qué tal Inglaterra, que es un país que no conoces, que tiene una historia muy interesante y se ve que es bellísimo; (y mi conciencia) pues “sí”, además lo hablas y lo entiendes de manera regular
¿porqué no perfeccionarlo?... Ganó Pepe Grillo, nos vamos (mi conciencia y yo) a Inglaterra!!!.
Desde ese día empecé a buscar información sobre Inglaterra y al mismo tiempo investigaba sobre el tipo de enseñanza y las diversas instituciones que la ofrecían. De repente, el destino puso en mis manos un folleto de EUROCENTRE CAMBRIDGE, anoté mis dudas, llamé por teléfono, escribí, reuní toda la información que necesitaba, consulté mi cuenta bancaria y agendé mi viaje. El plan era de lo más atractivo y aventurero. Decía “Ingles para Adultos” y se aseguraba que asistían personas de muy diferentes países (tendría la oportunidad de conocer personas interesantes, de diversas ocupaciones y costumbres), la convivencia parecía de lo más atractiva, adultos de diferentes países!!!.
¡Ah! se me olvidaba, escuché la opinión de todos mis hijos (que ya en ese tiempo estaban todos casados), y que no tuvieron que trabajar mucho para RECONVENCERME de vivir esa experiencia.

CAMBRIDGE ENGLAND 1995
La familia que me recibió en su casa era un matrimonio como de 50 años, tenían un hijo que estudiaba en otro país, eran muy amables y trataban de explicarme todo lo que creían que necesitaba o yo preguntaba. Me entregaron la llave de la casa. En el segundo piso habían dos habitaciones con un baño común, una la utilicé yo y la otra una chica alemana de unos 25 años que había vivido gran parte de su vida trás el Muro de Berlín. ¡Que experiencias las de esta compañerita!”.
En el costo de la estancia se incluía además el desayuno y la comida que se servía a las 6 PM en punto. Por su parte el “lunch”, que se acostumbraba como a las 11.30 ó 12:00, lo hacía yo en el comedor de la escuela o en un pequeño restaurante que descubrí cerca de Instituto. Y aquí mi primera gran “sorpresa” de estudiante.
Resulta que llego a ese restaurante a hacer mi “lunch”, tomo una mesita pequeña con dos sillas que estaba sola, veo la carta y pido mi comida. En esas estaba cuando llega un hombre de mediana edad y “sin agua va”, sólo profiriendo un gruñido, que después entendí que era un saludo, que se me sienta a comer ¡En mi Mesa!. La verdad no tuve ni tiempo de reaccionar, ni de contestar, ni de nada. Pasó un rato y de pronto vi llegar a una mujer que hizo lo mismo, pero en la mesa en donde estaban dos hombres sentados, entonces fue cuando entendí que esa era la costumbre (ni hablar de hacer eso en México). Días después, “medio chiviada”, pero muy segura, yo era la que elegía a mis compañeros de mesa; saludaba, me sentaba y a comer… calladita.

NI TAN ADULTOS
Primer súper susto en inglés: De la casa a la escuela se podía ir caminando sin problema, salvo el primer día. Aunque ya lo sabía, lo había observado y mentalmente iba preparada, al cruzar una calle y voltear, como normalmente hacemos en México para atravesar la calle, de repente me sale un irresponsable manejando a toda velocidad y “en sentido contrario”, seguido de una parvada de ciclistas, todos también en sentido contrario… dejo a su imaginación la escena.
Después del sobresalto y tomarme unos minutos para respirar, llegué tranquila a mi escuela. Como era otoño opté por usar un elegante abrigo negro que llegaba a 25 centímetros arriba del tobillo y zapatos negros de medio tacón. En el brazo izquierdo medio doblado, llevaba un cuaderno y un par de libros, y colgando del hombro una bolsa negra.
A medida que iba ingresando al local, mi estado de ánimo empezó a inquietarse, toda la población a la que saludaba eran “grupillos” de gente muy joven, los hombres vestidos de manera informal y las chicas un poco menos. Ellos, al igual que yo nos mirábamos subrepticiamente y con una mezcla de curiosidad y duda. Las miradas de ellos hacia mi las sentía llenas de curiosidad. Y yo pensaba: ¿me habré equivocado de horario o de escuela?; ¿aquí vine a registrarme?; ¿a quién le pregunto?; ¿dónde están todos esos ejecutivos de distintos países con los que yo había fantaseado que serían mis compañeros?.

LA MÁS PLUS DE TODOS
Por fin llego al salón y resulta que al igual que en los pasillos, todos mis compañeros son “chavitos”. Llega el primer maestro, nos saluda, da la bienvenida y algunas indicaciones de la forma en que vamos a trabajar, y en cierto momento se refiere a “los adultos” que están aquí. En mi no muy buen inglés, descubro que los ADULTOS, para ellos, son los “EIGHTEEN PLUS” (mayores de 18 años), y entonces el latoso de “Pepe El Grillo” me grita, ni modo Chepina, ERES LA MAS PLUS DEL GRUPO!!!.
Ya de regreso en casa, después de una buena cena y una cordial sobremesa, me retiro a mi habitación y empijamada me empiezo a cuestionar ¿cómo será mi estancia en Cambridge, rodeada de adultos recién salidos de la adolescencia?… ni modo de regresarme a México.
Al día siguiente me levanté relajada y tranquila. Existen formas de trabajar de nuestro cerebro, que aun hoy no termino de comprender. El caso es que con gran serenidad me atavié con mis “jeans” (que llevaba para los días de asueto), me puse mis zapatos bajos para caminar, me cubrí con una chamarra ligera, pero caliente y salí de casa dispuesta a comprarme una pequeña mochila (como la que usaban mis compañeritos), en la que cupieran los libros, el lunch, el dinero y los cosméticos; claro que escogí una con correas para llevarla en la espalda, como hacían todos los estudiantes que observé el día anterior.
Así me presenté a la escuela y ya no me sentí pieza de museo. Después de los 2 ó 3 primeros días del cambio, se fueron alejando las miradas escrutadoras de ambos lados, empezaron los “quihúboles”, pero en inglés. No tardé en descubrir a los otros pocos “PLUS” del lugar. Un abogado alemán cincuentón, un ingeniero suizo de 28, mi vecina de cuarto, una japonesa, una brasileña y un chico italiano, los cuatro como de entre 25 y 29 años. El resto de entre 18 y 21 años de todo el mundo, incluso hasta algunos mexicanos y españoles.

LLEGA LA NORMALIDAD
Además del ingles una podía tomar algunas clases opcionales, yo tomé “Arte”. Uno de mis maestros quien era “Guía” en la Catedral, me dejó una enseñanza maravillosa. El era un hombre mayor y corpulento que vestía de gris. Su explicación del lugar la hacía cambiando los tonos de voz, a veces orando en voz muy baja imitando a los monjes y otras con gran entonación para describir pasajes más relevantes. Yo estaba trasportada al lugar con sus habitantes y costumbres. En algún momento me acerqué a nuestro guía y le pregunté que si en alguna etapa de su vida había sido actor o estudiado actuación. El volteó su cabeza poblada de abundante cabello blanco y me dijo con una sonrisa, no señora, he sido maestro por 40 años, pero para esta profesión hay que saber actuar. Nos vimos a los ojos unos instantes y nos despedimos sin decir palabra… ya habíamos dicho todo. Yo soy igual cuando trabajo en mis programas de televisión.
Después de clases, lo común era ir a la biblioteca o a la sala de computadoras. Pero otro lugar muy concurrido eran los famosos “PUB”, que es una abreviación de “Public House” (casa pública), que son negocios en donde se va a “socializar” y en los que se venden cervezas y otras bebidas, se comen frituras y otras cosas “para picar” y se escucha música. Sin gran problema, salvo por el inglés, que cada quien lo “masticaba” con su propio acento, lo que a veces lo hacía difícil de entender, pero me integré perfectamente al grupo de “teenagers plus”.

CONTANDO “LA LANA”
Ciertos días, los más PLUS nos poníamos de acuerdo para irnos a Londres al teatro, y otras veces, casi siempre las mujeres, nos organizábamos en alguna plazoleta para viajar a algún lado, hacer alguna actividad diferente o salir a comer. Y he aquí una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida, ya que al margen de escuchar sus experiencias e historias de vida en sus respectivos países, ellas todo el tiempo tenían que limitar sus gastos, entonces a cada nuevo “plan”, se sentaban a contar su dinero para ver para qué les alcanzaba, qué tenían que comer para no desfalcarse (muchas comidas las hicimos en bancas de jardines o bajo un árbol).
Desde luego que para sentirme aceptada y parte del grupo “yo hacía lo mismo”, no obstante que yo había presupuestado hacer algunas comidas en algunos restaurantes de lujo. Aprendí a gastar como estudiante y por primera vez en mi vida al regresar a México ¡me sobraba dinero!.
Llegó el final de las 8 semanas de clases y empezaron los intercambios de direcciones y el nudo en la garganta. No vayas a llorar, me dije, no vayas a hacer el ridículo. De repente llega la compañera de Brasil, me abraza y empieza a llorar, igual el chico de Taiwán. Todos andábamos en la lloradera, unos más que otros, total ya no hice el “ridi”, éramos todos, nos dolía alejarnos.
En esos dos meses se habían formado lazos, a pesar de las edades, los diferentes países, costumbres y tradiciones, en los que no importaban las diferencias, descubrimos que nos podíamos amar como seres humanos. Y yo descubrí que mi “asignatura pendiente”, no era estudiar un idioma, sino tener el valor para vivir una experiencia que tenía en mis “pendientes de vida”.

Hasta la próxima. Que Ud, la guise bien.

Paella Domecq

Ingredientes
400 g de arroz
50 ml de aceite de oliva
125 g de carne de puerco en trozos
2 pimientos morrón verdes
1 pimiento morrón rojo
1 jitomate fresco
½ cebolla
200 g de calamar en trozos
4 piezas de pollo en trozos
200 g de camarón
100 g de jaiba
200 g de almeja
100 g de chícharo
Caldo preparado con cabeza de pescado o camarón

Procedimiento
Freír el puerco, la cebolla, el jitomate y el pimiento picado en rajas, añadir el pollo y el calamar. Se agrega el caldo y de deja a fuego lento hasta que hierva durante 10 minutos o hasta que quede bien sazonado. Después se agrega el arroz, la jaiba, las almejas y el camarón a fuego lento hasta que seque (aprox. ¾ de hora). Para adornar se le pone encima pimiento morrón o camarones.

 

 

 




 

 

 

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