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¿Qué es esto mamá? ¿Qué estamos haciendo aquí?…

 

Con estas preguntas fundidas en un abrazo electrizante y cargado de montones de emociones, me encontré entre los brazos de Diego mi hijo, 10 horas después de que me había despedido de él al comenzar con esta locura del ¡Ironman!. Eran ya las 5:30 de la tarde, yo apenas empezaba a correr mi primera vuelta, (el Ironman consiste en nadar 3.8 kilómetros. Rodar en bicicleta 180 kms y correr 42.2 kms. Tienes un tiempo de término de máximo 17 horas).

Y este sueño lo habíamos echado andar (literal, jajajaja) a las 7 de la mañana en Chankanab, en las bellas aguas del caribe mexicano, cuando en otro abrazo sin fin y lleno de bendiciones y con la mirada cargada de amor, admiración y mucho miedo a lo desconocido nos dijimos: ¡nos vemos en la meta! ¡si ama, te veo en la meta!, me dijo Diego y se perdió en el agua, entre gorros verdes (mujeres) y anaranjados (hombres). Eran los más de 1400 atletas que igual que nosotros intentarían terminar. Pero. . . todavía no era la meta, a mi me faltaban muchas horas más para llegar a ella y ya había había vivido momentos dramáticos, cuando creí que no iba a lograr terminar con tiempo mi tercera vuelta de la bicicleta. Más yo no sabía que todavía me faltaba más. . . ¡mucho más!. Pero también que el Cielo, ¡estaría de mi lado!.

Me emocioné ¡tanto al verlo! estaba tan preocupada de no encontrármelo tirado o caminando al revés, (he visto montones de imagines de personas totalmente descompuestas al llegar, inclusive me tocó ver ese día a un suizo intentar llegar a gatas a la meta, no se si lo logro).. Diego desarrolló una hernia giganta meses atrás de la competencia que prácticamente lo imposibilitó para continuar con el entrenamiento; y una semana antes de la competencia decidió hacerla (por mas logros que una mamá tenga la posibilidad de vivir, estará siempre por encima de ellos, el de madre).

Algunas semanas han pasado de esa fecha que sí, sí, sí estaba escrita en mi destino, y que ahora me asolea por las noches colgándose de mis sueños; es domingo, estoy en Cozumel haciendo el Ironman, no se bien a bien que está sucediendo en el transcurso de ellos, pero el caso es que me despierto cada madrugada y me digo: "el Ironman te está buscando, ya déjalo descansar, ¡exorcízalo, jajajajajajaja". Y pues aquí estoy intentado liberarlo…

¿Cómo dejar ir de tu mente, de tu cuerpo, de tu espíritu, un evento tan grandioso, tan jubiloso, tan extraordinariamente retador? ¿En qué parte de mi alma se quedará guardada la memoria de la mención de mi nombre como una Ironman después de haber recorrido en total 226 kilómetros?¿Mis brazos arriba y mi garganta gritando y celebrando el esfuerzo ¡enorme! al cruzar esa "bendita meta"? ¿Cómo olvidar los 9 meses de entreno que han sido una de las épocas más felices de mi vida y emocionalmente productivas, al lado de las Iron-Chanklas y una de las esperas más emocionantes de mi andar por este mundo? ¿Cómo quitarme el abrazo de Diego que se ha quedado tatuado en mi corazón, como un claro recordatorio de la fuerza que habita en el amor de los hijos? ¿La batucada? ¿La solidaridad de los cozumeleños? ¿La nadada de 3.8 kms. (que a mi me llevó hacerla en 1:46 minutos) en un mar cristalino, cálido, en donde nunca dejaste de ver en el fondo una arena blanca, nítida, cientos de peces multicolores, buzos y hasta un submarino? ¿Y mi befi sollozando y caminando con su vírula por un lado, porque los rayos de la llanta se le habían roto ¡dos veces!, y más tarde gritándome furiosa ¡cállate! cuando le dije que yo no llegaría a la meta? ¿Y después de todo lo que le pasó, la insolente me ganó? Jajajajaja ¿Y Rodolfo mi yerno, verlo pasar entre el pelotón de los ciclistas elites, saludandome con una sonrisa tipo estrella del ESPN y que superó ¡por mucho! su tiempo estimado? ¿Y la Gump tan contenta, tan segura? ¿Elsa ¡despampanante! con su speed suit rojo? ¿Milly corriendo como una liebre, como si solo hubiera ido a correr un maratón?¿Pepe Bernal invitándome a masticar hielo?, como diciéndome: "si lo comes durante la carrera verás que pronto acabas" jajajaaaaa. ¿Nacho Anaya animándome en silencio a seguir, cuando me encontró sentada en la orilla de una banqueta intentando no desmayarme para seguir adelante? ¿El Pato y su contingente?: ¡vamos señora!. ¿Y María nuestra coach e inspiración de esta locura, y tres veces Ironman, bajándole más de una hora a su tiempo? ¿Y la Speedy, juntas 13 años después que corrimos nuestro primer maratón de San Diego? ¿Gaby Tamer, intentando como yo, llegar a la meta antes de las 12 de la noche? ¿Alfredo Zepeda que con calma de santo, nos explicó los arreglos de la bolsa gris, azul, amarilla, roja? (la logística para hacer un viaje en un mismo día y con tres modalidades: acuática, ciclista y pedestre, definitivamente que no es asunto sencillo). ¿Jaime Lliteras, que me dijeron se sintió muy mal en la corrida? ¿Salvador Palacios en su primer Ironman y llegando en primer lugar de los tijuanos?¿Y Tití Anaya con una bicicleta de aluminio rentada de última hora, haciendo un tiempazo? ¿Coqui compartiendo su experiencia y jalando a Diego en la corrida?.¿Y Clarissa Alba, con su mirada atiborrada de vida, y que con todo y quimioterapia recién aplicada llegó a Cozumel a recoger el número que en esta ocasión no usaría?. ¿El desconocido que tenía un puesto frente a mi hotel, y que le entregué mis lentes, dándole mis datos y pidiéndole que por favor los dejara en la recepción? ¿Y al día siguiente saber que donde le pedí los dejó?. . . ¿Y al final de la aventura extrema, (42.2 kms de corrida) mi marido corriendo conmigo más de 3 kms asegurándome que sí llegaría a tiempo, cuando en su vida ni siquiera ha corrido uno? ¿De dónde le salió la resistencia? ¿Y unas horas antes siguiendome en una motoneta y yo hablando a gritos por nextel con mis hijos que no pudieron ir, diciéndoles que todo estaba hermoso? ¿Aunque soplara un viento que a ratos sentía que me tiraba de mi hermosa bicicleta rosa durante la rodada de 180 kms? ¿Y luego en la tercera vuelta pedirle a Dios, que por favor le dijera al Espíritu Santo que se llevara la fiesta de su aire para otra parte porque yo no llegaría si continuaba ese viento? ¿Y comenzar avanzar con más velocidad porque Dios me había escuchado y el ventarrón había amainado? ¿Y las bellísimas chanklas-porra-triatletas (Liza, AnaF, Ita, Laura) que fueron desde Tijuana para ser el mejor apoyo del mundo y que con su manta y su algarabía escribieron también esta historia? ¿Y ya muy noche además, me llevaron a la meta? ¿Y Mimi abrazándome y con los ojos llenos de ternura diciéndome: "dónde quedó la niña llorona y miedosa que yo conocí hace 35 años? ¿Jimena y mis nietos con sus abrazos y besos como soles en medio de la noche?. ¿Mis consuegros Aguilar con al amor desparramado por su hijo? ¿Daniela, Melissa, Fernando?. ¿Isabella, Camila, las futuras chanklitas?

¿El cono amarillo? cerrándome el paso para iniciar la tercera y última vuelta de la corrida, y ahogada en llanto escuchándome preguntar al señor que cuidaba que ya nadie pasara, "¿es qué ya no puedo seguir?" "¡todavía me falta una vuelta!"; y que se apiadó de mi y me dijo: ¡pues dele!. ¿Norma y Moisés?, que no saben que Dios los tenía para mi con un anexo aparte, y estaba destinada a conocerlos en el aeropuerto de Cancún para que cuando yo "creyera" que ya no podía más (en esa tercera vuelta) y estuviera lista para decir: ¡basta! ¡hasta aquí!, esto se acabo, no voy a poder con otros 14 kilómetros, ni modo, ya volveré, ¿para qué le sigo, si no voy a llegar?. . .. saliera ella a mi encuentro para decirme con tanta seguridad y fuerza: "¡Lizbeth si vas a poder! ¡no puedes rajarte! ¡solo te falta una vuelta!, no lo hiciste en la nadada, tampoco en la bicicleta, ¡no te rajes ahora!, ¡tu puedes! tienes 2 horas con 40 minutos para lograrlo, ¡si la vas hacer! camina, no pares ¡sigue adelante! ¡viniste a terminar no a rajarte!"... ¿y acto seguido me limpié las lagrimas y continué? ¿Y Dios por todos lados?¿Y el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo y todo el Convoy Celestial cargándome a la meta y llevándome en sus brazos por todo el recorrido? (la oración que me enviaste Adrielle). Mi angustia de no llegar llegó a ser ¡tan inmensa! que había que convocar al Comando Mayor con Todos Sus Ejércitos, jajajajajaja; porque la que aquí escribe confiesa que la mente la traicionó, el diablo se asomó y olvidó que por encima de todo Dios existe y no hay NADA que temer y que SIEMPRE deberás de confiar. A las 10:15 de la noche y faltándome no se cuantos kilómetros para llegar, me rendí totalmente ante Él y le comuniqué que no había problema si no la hacía, que si Su Voluntad era que yo llegara ¡perfecto! y si no, también estaba ¡perfecto!. Y entonces una hermosa brisa comenzó a soplar, saqué de mi bolsa un gel de triple cafeína que había guardado durante todo el día para una emergencia y como pude me lo comí (para esa hora, y en verdad casi en toda la carrera, nada me entraba al estómago, todo me provocaba un asco ¡horrible!) y por Gracia de Dios y el Espíritu Santo comencé ¡a correr!; fui pasando gente y a las 11 de la noche al cruzar una calle anegada en agua de lluvia (el cielo estaba de mi lado) supe que lo lograría, la meta estaba a media hora de distancia mía, si ya no podía correr, no importaba, ¡caminando llegaría!; 15 minutos más tarde fue que mi marido me dio alcance y una vez más me hizo saber que siempre estará ahí para mi, no importa donde, no importa cuando, no importa como, él estará ¡punto!; minutos más tarde, ¡las de mi tribu llegaron! y arriaron jubilosas a "la mayorcita" alias "la monk"; Diego mi hijo, ¡entero! ¡hermoso! llevando la manta de la porra rosa más linda y alegre ¡del mundo!.

A las 11:42 de la noche se cristalizó el decreto plasmado en mi corazón, en mi alma, ¡en mis venas! (yo creo, antes de nacer): las cartas ya estaban echadas, yo cruzaría la meta y me convertiría a los 53 años en una Ironman, un domingo 27 de noviembre del 2011 en Cozumel, Quintana Roo.. ¡POOM!

El llanto me gana al recordar cada una de éstas escenas que viví durante esta gran hazaña que duró 16:42:20 horas, y que me recuerda un poema que leí hace muchos años, "El viaje a Ítaca" que comienza así: Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca debes rogar que sea largo, lleno de peripecias, lleno de experiencias.. No has de temer ni a los lestrígones ni a los cíclopes, ni la cólera del airado Poseidón. Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta si tu pensamiento es elevado, si una exquisita emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo. Los lestrigones y los cíclopes y el feroz Poseidón no podrán encontrarte si tú no los llevas ya dentro, en tu alma, si tu alma no los conjura ante ti."

Y así fue. . . durante todos los meses de entreno, siempre tuve la seguridad que llegaría, jamás dude ni tuve miedo de nada (nunca conté con los momentos de desesperación arriba mencionados, jajajajaja). Tuve la bendición de mantener mi pensamiento en el cielo y mi pies en la tierra por casi todas las 17 horas. El tiempo no importaba, yo solo quería cruzar esa meta y convertirme en una Ironman. Mi recorrido fue largo y lleno de peripecias, lleno de experiencias. ¡La nadada fue espectacular!. El aire durante las dos primeras vueltas de la bicicleta fue ¡tremendo! y luego en esa última vuelta ¡llegó la tormenta!, (a la isla le entró un norte ese domingo en la tarde, era tan fuerte la lluvia que creí que granizaba por la inmensidad de las gotas) pero. . . ¡la vista de ese mar! me arrebató a ratos el poco aire que me quedaba. La corrida, ¡Dios mio!, fue a momentos un verdadero suplicio, sentir que te desmayas, que ya no puedes con un paso más, que ya no puedes comer. . . Hacer un Ironman, sí es un asunto de locos, pero también es trascender tus propios retos; es estar por encima de todos tus miedos; es confirmar que eres un espíritu habitando un cuerpo físico; es encontrarte con Dios de frente. ¡Vivir esa experiencia fue un maravilloso regalo! Ahora. . . hacerlo con tu hijo, con tu yerno, con las mujeres de tu tribu, ¡priceless!. Y por todo ello, hoy le respondo a Diego. . . ¿Qué es esto mamá? ¿Qué es esto?. . . Es una de las más grandes y gloriosas experiencias que vivirás a lo largo de tu vida y que llevarás por siempre entretejida a los bordes de tu alma. ¿Qué estamos haciendo aquí?. . . Estamos escribiendo el guión de nuestra mejor película; estamos diciéndole ¡SÍ! a la vida; estamos construyendo una mejor versión de nosotros mismos; estamos cumpliendo y honrando nuestro destino. ¿Es un locura? ¡Sí, también es una locura!, y la volveré hacer en el 2013, cuando yo cumpla 55 años y Clarissa Alba le diga adiós para siempre al cáncer y se convierta por primera vez en una Ironman.

Como estadística te comparto ¡mujersisíma! que de los más de 1400 atletas, 557 eran mujeres, (este es un asunto de hombres) y 600 no terminaron. Los 17 que fuimos de Tijuana, ¡lo logramos!. ¡Felicidades extremas para todos!. ¡En hora buena amadas chankludas y estimados chanklos! (lo siento, este blog lo escribió una chankla, y además ¡soy la mayor! jajajajajajajaja)
¡Un abrazo hasta el cielo!

 

 

 



 

 

 

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