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La intención de tus deseos

 

¡Hola Mujersisíma!

De todo corazón quiero invitarte a que observes que todo lo que te ha sucedido en la vida, alguna vez lo pensaste, ¡si! lo bueno y lo no tan bueno. Te propongo poner más, mucho más atención a tus pensamientos, a tus palabras, a tus acciones. Observa tu entorno y la gente que habita en él. Mira muy bien qué es lo que quieres en la vida, cómo la quieres vivir, ¿con quien la quieres compartir? pues eso es lo que obtendrás. ¿Estás en el camino que facilitará a Dios concederte tus deseos?.

Echa andar a tu imaginación, ponle alas a tus sueños, visualiza tus deseos y luego atrévete a soltarlos y sé más atrevida aún… renuncia a ellos.

Permíteme contarte esta historia… A mediados de noviembre del 2010 conocí a Edith Arath Aguiñaga, recuerdo perfecto que al abrazarnos, la fuerza de su energía me dio cosquillas eléctricas en los brazos, era la clara señal de que acababa de conocer a alguien que sería muy importante en mi camino de regreso a casa. Ella hacía 11 meses que había salido de su Ashram Urbano en San Cristóbal de las Casas; se aventuró al mundo con tan solo con una maleta y el libro de "Curso de Milagros" bajo el brazo. Venía de Guatemala cuando llegó a Tijuana. Días después, el 2 de diciembre, me unía a ella para hacer el Reto de Meditación Osho de 21 días, que consiste en meditar durante 21 días consecutivos de 6 a 7 de la mañana. ¿Todos los días tendré que ir a meditar a esa hora? ¿no podría ser más tarde? ¿puede ser un día si y otro no?, le pregunté. "No, me respondió, precisamente ese es el reto; tiene que ser todos los días y a las 6 porque es la última hora que tenemos antes de que el mundo haga ruido, es me dijo, como la última ola que te llevará con paz hasta la orilla; ¡ah! y además la puerta se cierra a las 6 en punto". Yo te confieso no estaba muy convencida, era diciembre y las mañanas aquí, pueden ser verdaderamente frías, realmente ¡heladas!, y está más oscuro que la noche, además para llegar a las 6, pues tendría que levantarme por lo menos media hora antes y luego para ponerle más dificultad al asunto, el reto terminaría el 24 de diciembre y cerraríamos con una meditación ¡al aire libre!, exactamente en la explanada del CECUT (Centro Cultural Tijuana), ¡a las 6 de la mañana!. ¿Y la preparación del pavo, la cena, los más de 25 familiares a cenar a tu casa?…

Sé valiente y confía, verdaderamente ¡confía!…

Por supuesto que hice el reto, y no gracias totales a mi empeño, sino al de mi hija Jimena, que no dejo de insistir en que ayudáramos a Edith para que por fin pudiéramos conocer las meditaciones de Osho. Han pasado 13 meses de esos ¡extraordinarios días!, donde vivi ¡grandes experiencias y enormes aprendizajes!, aunados por supuesto al desarrollo de la voluntad para poder levantarte de madrugada durante ¡21 días seguidos!, y en plenas fiestas decembrinas y para luego cerrar con un retiro de silencio de tres días en Casa Manresa (otra hermosa historia). Más lo que hoy es importante par mi compartirte es que durante una de esas mañanas y con el poder de las meditaciones de Osho, comprendí después de varios años la verdadera visualización de un deseo. El mío consistió en un viaje a la India, sentí profundamente la emoción de estar meditando en un ashram, vi a los monjes, escuché sonar la campana, imaginé los aromas, colores, entornos, calles con polvo, animales; fueron minutos mágicos; en mi pantalla mental ¡estuve en la India!, y luego me atreví a soltar ese deseo y dejé de pensar en si algún día iría. Y ¿qué creés? ¡ya fui! ¡si literal! y otra vez, por la insistencia de mi hija, jajajajaj, ¡esa niña!, ¡esa niña!, mi gran maestra.

La intención de tus deseos queda grabada en el Cielo, Dios los agendará para ti en el momento perfecto. Y lo agendó para mi un año después, el jueves 12 de enero del 2012, cuando visitamos un monasterio pero ¡no! en la India, sino aquí muy cerca de mi casa, ¡quien lo iba a decir!. En el Monasterio de Deer Park, esa mañana meditamos caminando con monjes y monjas vestidos de café; comimos comida vegetariana en completo silencio y en conciencia plena; escuchamos muchas veces la campana, oímos el darhma en vietnamita con traducción por supuesto; hicimos un círculo mágico ante la mirada atenta de una monja bastante mayor y unas historias que te llegaban al alma; nos sumamos a los cánticos de letras lindas, y gocé al verlos mover sus manos al ritmo de su música interna. Y en ese lugar lleno de paz y alegría y con los monjes y monjas a los que les brillan los ojos más que a las lechuzas, ¡se hizo realidad mi deseo!. Hace 13 meses yo desconocía por completo que en Escondido California, a solo 45 minutos de la frontera con México, viven monjes y monjas budistas que siguen la tradición de Thich Nhat Hanh, y los jueves y los domingos reciben al público en general. El monasterio tiene dos aldeas: Aldea Solidez (Solidity Hamlet, para los monjes y hombres laicos) y Aldea Claridad (Clarity Hamlet, para las monjas y mujeres laicas), las dos aldeas se unen varias veces la semana para practicar. Los jueves, que fue el día que fuimos mi hija y yo, es precisamente para las mujeres.

Este santuario está ubicado en la serenidad de 400 hectáreas de chaparral en las montañas del sur de California, y se encuentra protegido por robles y por el paisaje natural que lo rodea. Un lugar ¡bellísimo!

¿Se manifestó mi visualización? ¡Claro que sí!, ahí descubrí que la intención verdadera de mi deseo no era tanto irme a la India, (que claro me encantaría algún día ir y sigue en mi lista de deseos) sino presenciar y disfrutar de la paz, la iluminación y la alegría de los monjes, y eso fue lo que viví y a una hora de ¡mi casa!, esto yo no lo sabía, pero Dios ¡sí!, Él ya lo tenía agendado para mi. Mi deseo se había quedado grabado en el Cielo…

¡Un abrazo hasta el cielo!